Un Mundo Feliz

Supongo que para eso sirve, entre otras cosas, el blog. Y se me están despertando cada vez más reflexiones sobre la conectividad digital (la nuestra humana con las pantallas), redes sociales y demás vainas. Que sí, ya sé que el blog también forma parte de todo eso. Pero no é iguá. Antes de entrar al blog, me paso un buen rato escribiendo, buscando alguna foto molona libre de derechos de autor para acompañar el texto, etc. Y cuando me paso por blogs ajenos, me paso un rato leyendo un pedacito de la vida de otra persona (por cierto, Alex el del 10 de julio es del año pasado, ¿no? Pregunta tonta, mrf). En fin, que me parece que no hay tanto de desconexión en eso como lo hay en otros entornos “virtuosociales” que tienen poco de social y menos todavía de virtuosos.

No es la primera vez que pienso en cómo estas grandes empresas del mundo virtual, Facebook, Twitter y qué decir del sacrosanto Google, por poner sólo algunos ejemplos, nos condicionan. En como recogen cantidades ingentes de información que vaya usted a saber lo que pueden acabar haciendo con ella. El tema está manido, manidísimo. Se comenta que no veas pero en el fondo percibo que poca gente lo toma en serio. Es como que damos por sentado que esto es así y no hay quien lo cambie. No sé. Es posible.

El caso es que ayer vi un documental en Televisión Española. No me acuerdo en qué cadena ni en qué programa (lo vi a la carta) Hablaba del efecto de las pantallas (móvil, ipads y demás enseres) sobre los más pequeños. Una doctora francesa atendía niños pequeños (tres añitos estamos hablando) son síntomas de autismo. El problema venía al descubrir que esos síntomas los provocaba no una condición interna del niño, sino ¿adivinan qué? ¡Bingo! Las pantallas.

Por si el asunto no fuera lo bastante escalofriante, luego sacaban entrevistas con profesionales en neuromarketing. Que lo que vienen a hacer en determinados casos, bajo ese nombre superchulo de la muerte y suponiendo que lo haya entendido yo bien, es tomar conocimientos de la psicología humana para aprovechar vulnerabilidades y así vender y manipular (¿les suena caso reciente de Facebook?) al humano de turno lo que haga falta. No digo yo, porque no lo sé, que todos los especialistas en neuromarketing hagan eso (digo yo que los habrá con principios) pero que hay quien lo hace, pues eso parece. En resumen, que he pasado más miedo que cuando vi El Exorcista.

En alguna conversación jocosa con los amigos he anticipado que veo mi futuro viviendo en la red de alcantarillado del subsuelo, aislada de las ondas wifi, con largas greñas grises, vestida a lo Mad Max, y liderando la resistencia antidigital. Según ellos soy un poco exagerada. Buenovale. Un poco. Pero un poco nada más.

Lo que me asusta es imaginar una distopía futurista en la que los niños de tres años se vuelvan autistas, los adolescentes dejen ahogarse a un minusválido mientras le sacan un vídeo para el “Face” (pasó hace poco en Canadá) y los que aún conserven un potencial de criterio lo tengan anulado porque están muy ocupados dándole con el Photoshop (o lo que sea que se haga ahora) para salir re-guapos en el Instagram aunque su vida sea una puñetera mierda. Me asusta un futuro de superficialidad, soberbia y falta de empatía. De contacto humano. De capacidad de concentrase en cualquier actividad más de cinco minutos porque estamos hiperestimulados y acostumbrados a saltar de un vídeo, tweet, mensaje de wasap y foto a otro. Lo que me asusta, en definitiva, es un futuro en el que perdamos lo que nos hace humanos. El Gran Hermano ya ha llegado. ¿Han leído Un Mundo Feliz?

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4 comentarios sobre “Un Mundo Feliz

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  1. Todo es cierto, pero pero la inconsciencia de la masa no es nuevo, lo que es nuevo es la cantidad de instrumentos de control en los que nos podemos dejar enredar alegremente. Si acaso quizás nos salve un poco que somos (individualmente) demasiado poco importantes como para que todo ese entorno nos condicione si mantenemos nuestro propio criterio. Los demás se dejarán llevar igual, como hacían antes.

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  2. El gran hermano ya lo predijo Orwell y el Mundo feliz de Huxley también incorpora una gran dosis de visión de lo que para ellos era futuro y para nosotros el presente. Yo he de reconocer que sigo con interés Twitter, que ojeo FB de cuando en cuando y que me encanta leer post interesantes (como este). De ahí a contar cuentos de vidas maravillosas con fotos que son pura mentira va un mundo.

    Coincido con Euclides, la masa siempre ha sido un ente que ha tenido un punto de facilidad para la manipulación, el tema es que ahora parece más fácil y se hace más evidente a poco que te apartas del rebaño.

    En fin, que sí, que nos vemos en las cloacas (yo sin greñas grises por motivos más que obvios) resistiendo.

    Besazo.

    P.S. Si, el 10 de julio es del año pasado, llevo un ritmo de publicaciones que parece el de R.R. Martin XDDD

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