Pilates

Uno de los consejos que he recibido recientemente vía lectura de un artículo interesante es que la mejor manera de dejar ir las cosas que no quieres tener en tu vida es meter en ella cosas que sí quieres tener, de forma que a las primeras no les quede sitio y acaben expulsadas cual espinilla infecta por sí solas.

Entre las cosas que hace un par de lustros quiero hacer está ponerme en forma, por un par de argumentos de peso (nunca mejor dicho): (1) impedir que mi cuerpo adopte la nada práctica forma de un botijo – cualquiera aguanta luego a la Kojondorf – y (2) estar en buena condición física para hacer cosas que me apetezcan.

Con este loable propósito me apunté la semana pasada al gimnasio que hay al lado de casa y tengo que decir que mantengo la frecuencia de asistencia. Como decía el maestro Yoda, “hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Principio en mi catálogo junto con “Attitude is everything”, “Just do it” y “Haz lo que quieras, sé tú misma y diviértete” (soy carne de cañón de anuncio, qué le vamos a hacer…)

De momento estoy en modo “vamos a acostumbrar el cuerpo a moverse otra vez, no vaya a ser que con la broma…” Empezando suavecito, vamos. Media hora de elíptica nivel 1, a.k.a. “octogenario”, otra media hora de bici estática, y así. Y en las clases colectivas, pues las más flojitas. La última, Pilates. Gloriosa experiencia donde las haya. Empezamos la clase con una gorda colándose en la cola para trincar la colchoneta individual antes que nadie. No me deja de admirar la gente con tanta cara. Como al final, colchonetas hay p’a tol mundo, aplico otro principio del gran Sun Tzu, el de elegir bien tus batallas. Ya me reservo el mordisco en la yugular para algo por lo que merezca la pena enfrentarse.

Me pongo con mi colchoneta detrás de la gorda que, no contenta con sus orondas carnes, encima es más grande que un rinoceronte macho de quince años. En resumen, que no veo una mierda, ni a mí misma en el espejo, ni al instructor, ni ná de ná. Pero la gente coge sitio a la velocidad del rayo y ya estoy rodeada por todas partes, así que difícil cambiarse. Passso.

El instructor por lo visto es un fan de las tablas… ta-blas, TA-BLAS, con Blas, como el de Epi, no TABAS (mmmffsss…) Y bueno… pues yo no. Pero reconozco que es de los ejercicios que más tonifica, aunque abuuurrrre como las ostras y es duro como el esparto. Mientras sufro con las diversas variantes de la susodicha postura me digo, a ver, Amaranta, no pensarías que esto te iba a salir de gratis… Miro a mi lado y veo a la gorda temblando con la lorza doblada sobre la cinturilla de la malla. Siento una satisfacción kármica. Eso ayuda.

A la salida se me acerca uno para darme palique. No quiero ser borde, pero qué perezón, por Dos. Primer intento al dejar la colchoneta al final de la clase en su sitio (antes que la gorda, que sigue sofocada en el suelo, de nuevo satisfacción kármica) Contesto educadamente, con el “burrido” presentimiento de que no se va a dar por vencido. Acierto. Segundo intento dándome alcance en el pasillo camino al vestuario. Hay que ver, que tono de voz más bajito, el instructor, ¿verdad? No se le oía nada. Le doy palique sobre el apasionante tema hasta la puerta del vestuario. Total, son como veinte segundos. Y cada uno es muy libre de intentar hacer migas con quien quiera. Otra cosa es que lo consiga. Evito alargar respuestas para dejar clara la falta de interés. Me da tanta pereza la simple idea que ni me halaga el acercamiento. De hecho, se me olvida a los tres segundos de entrar en el “cambiadero”. Los íntimos dicen que se me pasará con el tiempo. Yo tengo mis serias dudas. Después de una vida de relaciones al cual más coñazo, me siento aliviada de estar SOLA. LIBRE. Y no me veo cambiando eso por nadie. Ni siquiera para pasar el rato.

Ya que estamos, aprovecho para anunciar que sí, estoy de vuelta. Sigo siendo yo. No han podido conmigo. Y como lo que no te mata, te hace más fuerte, veo bastante poco probable que la cosa se vuelva a torcer a partir de ahora. Discúlpenme si no doy más detalles al respecto. Ya no me apetece mentar Gusanos, no sea que alguno se manifieste y a falta de exorcismo me vea tristemente obligada a darle una patada en los huevos. Los que me siguen de tiempo ya saben de lo que hablo. Los que no, bienvenidos a mi presente, donde el tiempo se rellena con lo bueno, lo que me apetece y las personas con las que me merece la pena estar. Personas que me aportan y tienen luz. Que mezquindad ya hay mucha en el mundo.

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2 comentarios sobre “Pilates

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  1. Qué alegría leerte de nuevo, no porque hayas publicado de nuevo si no porque vuelves a ser tú la que está al otro lado.

    Dale caña al pilates, las tablas son buenísimas para tonificar pero en sí es un puñetero coñazo. En cuatro días al body combat o pump… o al ciclo indoor (me encantaba pero últimamente entro con mis auriculares porque no soporto la música que ponen los monitores).

    Un besazo enorme y una sonrisa volando por ver que Yoda te inspira.

    Le gusta a 1 persona

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